La verdad sin aspavientos

•Junio 28, 2008 • 2 comentarios

Acaso gané de la vida un soplo
mas un mundo me pareció a mi,
al estar contigo nosotros solos,
riendo entre muecas de impotencia al fin.

Insto al destino con el desafío
a ganar la partida y ser feliz,
mas sé que hace tiempo que he perdido
la potestad de escucharme reir,

Otro soneto dedicado y ya ves,
sigo con mis dudas, remordimientos,
y creo que por más que miro no sé

si tengo derecho a mis lamentos,
o quizá tal vez debería aprender,
a decir la verdad sin aspavientos.

El derecho a dudar

•Noviembre 8, 2007 • 3 comentarios

Una puta que no acepta talones,
un banquero sin cheques que cobrar,
rimas de Espronceda sin aquilones,
un barco a punto de zozobrar.

Un aprendiz de tahúr sin cojones,
una dama, sin nada que enseñar,
el son agudo de los acordeones,
una pizarra muda que arañar.

Perdones con lágrimas zaheridos,
noches oscuras para olvidar,
besos y cuerpos extraños y unidos,

sentimientos que pueden desgarrar.
No diré que pensando te olvido,
pero me guardo el derecho a dudar.

Qué muda está la pluma

•Agosto 31, 2007 • 5 comentarios

Distraigo las tristuras de este día
con la burlona pluma,
llena de tinta fría,
¡qué fría está la pluma!

Nada dice su trazo lastimero,
el silencio, en suma,
es lo que habla, empero
¡qué viva está la pluma!

Tan cargada de ideas y proyectos,
y sin mano que asuma
su timón con buen viento,
¡qué queda está la pluma!

Nadie blande su metal sobre el folio,
y su silencio abruma
cual largo soliloquio.
¡Qué muda está la pluma!

Días canallas

•Julio 2, 2007 • 1 comentario

Días canallas llenos de tristura,
ese sabor del calor tan hogaño,
ese son de latido tan extraño,
un resumen necio que poco dura.

Días fútiles, enfermos sin cura,
sabe amargo el zumo del engaño,
sabe rancio el beso del desengaño,
da resaca el vino de la agrura.

De estos días que vuelan tan aciagos,
guardo siempre un recuerdo alegre y limpio
un memento tan triste como falso.

De estos días lúgugres sin embargo
de tristes alegrías hago acopio
que tu marcha hace más duro el cadalso.

Un buen final

•Mayo 4, 2007 • 1 comentario

Cierto día de agosto, un hombre opulento y vestido con una chaqueta americana, que apenas lograba cubrir su contorno, apareció en la Iglesia regida por el padre Marcos; se detuvo a unos pasos del altar con gesto circunspecto; hizo luego una genuflexión y se puso a susurrar, como si estuviese orando. El padre Marcos, que recogía el atril de la misa, se quedó a la espera de captar alguna palabra en el resonar de las paredes, mas nada dilucidó de aquel murmullo constante.

Sorprendido de una visita así, tan extravagante, fue a la sacristía y le dijo al grupo de monagillos que allí lo esperaban: «Mirad en la capilla, donde hay un hombre grueso y bien vestido orando con devoción. Mirad por allí y decidme si oís algo de sus palabras, o si entendéis alguno de sus gestos». Y los dos monagillos más resabidos partieron a la capilla por la puerta de atrás, haciendo ver que venían de la plaza.

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Oda al cuerpo

•Abril 28, 2007 • 7 comentarios

Místico retén del alma,
ancestral sepulcro,
regalo del barro eres,
ínclito cuerpo.

Apoteósico muro,
—hijo bastardo de Ilión—,
obligado a ser carcelero,
y cruel verdugo.

Néctar de ambrosía insana,
insípida hiel;
esperpento de piel
seca, fría, hueca, landa.

Tapiz de suave tez
enardeces con gracia tu misión,
¡ah carcelero!,
criminal de criminales eres:
rabioso cuerpo.

Ojos que gritan,
—sin emitir lamento—:
«Tengo encerrado dentro,
intemperante, resignado,
casi al mismo dios
o a un furibundo gigante».

Titán de titanes eres,
imponente cuerpo,
esclavista del llanto
necio que ahoga
este alma tan mía y tan boba.

Ríe ¡oh cuerpo!
¡impertinente! ¡ríe!
Mas yo te digo,
antes que después
verás la muerte,
y yo, que soy alma eterna,
en lo más alto del cielo
viviré siempre.

Y gritaré al verte:
¡oh cuerpo!
¡oh cuerpo!
¿Tú que eras Titán,
qué eres ahora
sino piedra inerte!

Por piedad

•Abril 2, 2007 • 4 comentarios

Hacía varios años que Pedro había abandonado el hogar que lo viera crecer. Cuando apenas había cumplido la veintena había sido requerido a filas, y como hombre leal acudió inmediatamente a la oficina de reclutamiento. Partió rumbo a la guerra entre los sollozos de su madre y la expresión comprensiva de su padre, inocente y despreocupado, como suelen serlo los hombres que no viven para las batallas. También, como suele pasarle a estos hombres, la guerra lo afecto sobremanera y cambió para siempre su personalidad.

Estando en el frente conoció a una joven enfermera, durante su convalecencia de unas heridas sin importancia en uno de esos hospitales que, a modo de tenderetes, se elevan sobre las humeantes trincheras. Ella era una buena mujer, atractiva y hermosa en cierta manera, aunque alejada en beldad del canon clásico y de las formas modales. A su regreso, luego de varios años de servicio, no dudó un ápice y se casó voluntarioso, olvidándose en tal apuro de invitar a los que habían sido sus progenitores.

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Sarras

•Marzo 18, 2007 • 12 comentarios

A D.J.V., en el día de su boda

La risa ufana, sutil alegría
del alzacuellos que al infiel agarra
las uñas del pecado que desgarra,
los besos de judas, amor de arpía.

La fortuna injusta de la porfía,
el ingrato recuerdo de las sarras,
el nectar báquico de las parras,
el canto del borracho, la afonía.

La boda del don Juan que se ha rendido,
la celebran las juergas del pasado,
pasado fugaz, pasado perdido.

Que si versos querías, yo te he dado,
un requiem final para este bandido,
que hoy viste de frac porque se ha casado.

Meme (terceto y regalo)

•Marzo 11, 2007 • 8 comentarios

La moda pitujera de estos días
entre los aficionados y amigos,
se llama meme o tocadura impía.

Se resume en imponerle un castigo,
a quien primero surja en tu cabeza,
consistente en publicar sin abrigo

seis cosas de su persona y bajeza,
frases al viento, placeres ocultos,
miedos, gustos, orgullo y pereza.

Como no soy amigo de tumultos,
evado modas y manifestaciones,
aunque esta vez escurrir el bulto,

se hace difícil a falta de opciones.
Diremos pues, que me arriesgo y disparo,
ahí va el meme y mis abnegaciones:

Primero diré que nunca soy claro,
nadie sabe jamás si voy o vengo,
y si me preguntan, respondo amaro.

Físicamente soy barbilüengo,
más por pereza que por vil estética,
porque a afeitarme a diario, me niego.

La sociedad es una ruína aséptica,
así que no gozo de compañía
sea compañía pulcra o luética.

De mi soledad puedo hablar un día
entero con infinita pasión,
valga decir por hoy que bien podría

vivir años y años sin pretensión
de hablar con nadie, persona o sueño,
y sería feliz con mi abjuración.

Cuarto punto a tratar es mi empeño,
en querer ser poeta o literato,
aunque por más que leo no soy Leño,

ni Sabina, ni Quevedo, ni Plauto.
Me conformo en disfrutar de la letra
un mes, una semana, un día, un rato.

Mi mayor temor es la sombra tetra,
porque en este bosque desabrido
de la vida, hay hongos, pero no metras.

De todo se sale si es advertido,
problemas, engaños y enfermedades,
menos del hilo de Átropos partido.

Para finalizar mis cualidades,
recuerdo una que siempre va de oficio,
soy pesimista en grandes cantidades,

no es que vea el vaso medio vacío,
es que sencillamente no hay vaso,
(lo sé, es tétrico, triste y baldío)

Y con este terceto que repaso,
contad si son seis cosas y está hecho
—como diría Lope o Garcilaso—

mi meme termino, hincho el pecho,
ahora le paso la patata caliente,
al hada del pasillo con despecho,

que estoy cansado de hacer de sirviente,
de morbosas lecturas a repecho.

Postdata: si estos tercetos son malos,
en mi defensa alegaré cansancio,
cansado de memes, juego rancio,
de morbosidad lozana y «pásalo».

Así que no esperen métrica justa,
(de justos voy estos días servido),
ni esperen versos profundos o hundidos,
que basta con que me azoten seis fustas.

La almoneda de nuestro suplicio

•Febrero 20, 2007 • 6 comentarios

Vacío ingenio que en mi cabeza asusta,
cuervo de mal agüero, fortuna necia,
miradas de ojo negro que me aprecia,
injusta doma de espíritu y fusta.

Lágrima de la calaña que ajusta
las cuentas por caídas y desgracias,
y moribundo de penurias rancias,
que deambula por esta vida adusta.

¡Fuera de mi sien, perezosa bruja,
que engañas con oscuros maleficios
y apuñalas el alma con agujas!

¡Fuera de mi ser, infelices vicios,
demonios que con mi espíritu pujan
en la almoneda de nuestro suplicio!